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Será el calor o será el futuro o será que mi amor ha conducido dejando atrás Madrid sonriendo por el retrovisor. Serán las transcripciones que estoy haciendo sobre jóvenes y vivienda (tantas vidas tantas idas y venidas tantos euros y trabajo inútil). Será que ahora trabajo en otro bar y no sé preparar una caipirinha sin cachaça, o que la otra camarera hace que los adjetivos escaqueada e inútil cobren una nueva dimensión ( y digo yo, que puestos a marcar el territorio, no me iba a dar a mi por defender una pobre parcela de cocina o la limpieza y recogida de la mesa de la esquina). 

Tengo que decir a mi favor, o mejor a favor del momento zen que quiero -estoy realmente empeñada- vivir, que lo único que pienso cuando me corrige por decimosegunda vez o desaparece durante media hora, es que debe ser un infierno ser así, tan seca, tan estupidamente a la defensiva, tan marisabidilla de pacotilla. El caso es que toda esa mezcla, mas treinta pitidos de coche, tres peleas en la cola del Dia y otro exhibicionista cascándosela en una calle mientras me recomendaba quedarme a ver el final del espectáculo, han conseguido que por fin, y con mi amor como auditorio de excepción, pronuncie la tan temida frase...yo-no-quiero-quedarme-en-Madrid. Hester siempre dice que yo soy el colmo de lo madrileño, y yo adoro Madrid. Siempre vuelvo, porque adoro Madrid, y he vuelto porque soporto, aún, vivir en Madrid. Pero algo chirría en estas calles, perdonad pero algo huele a podrido en mi reino, lo siento pero la hierba siempre es más verde en otro lugar. Cualquier lugar es bueno para desplegar un mapa y buscar un camino. Y hoy me parece que cualquier lugar es mejor que Madrid. 

(Hay un lugar dentro de cualquier lugar, tú sabes cuál es, y yo ya sé de lo que hablo. En ese lugar me duermo y en ese quiero despertarme. Y que brille el sol, y que nos llueva el mar encima, y que Madrid esté siempre donde lo dejé cuando por fin sepa a dónde quiero irme. Mientras, estaré desplegando mapas en cualquier rincón de tu cuerpo).




Admin · 1 vista · Escribir un comentario
24 Mayo 2014
Ya sé, ya sé, el desequilibrio es un clavito que raras veces arde, siempre está a mano, da para sostenerse, seguir viviendo, sonreír. El desequilibrio es la ansiedad a veces, la alegría a veces, la impaciencia casi siempre o una idea especialmente confusa del futuro. Hay que tener mucha paciencia y mucho tiempo libre para ponerse a arreglar el desorden en el que, sin querer, se han convertido nuestros desvanes. Por eso supongo que hay un asistente por horas que de vez en cuando se encarga de pasar el aspirador, tirar la basura y desembalar las nuevas adquisiciones. Y seguimos viviendo, hasta que un día te preguntas... vamos a ver, de verdad es esta cuerda floja, esta puerta sin quicio, este vestido sin dobladillo, mi trayectoria? Y decides que ese asistente por horas no es suficiente. Decides que quién mejor que tu yo consciente puede saber dónde van las cacerolas y el dichoso pelapatatas. 

Y te pones recojona, y decides tirar las notitas de clase de octavo de EGB, los calcetines carcomidos, las frases hechas que ya no sirven para casi nada. Y en cambio le das un lugar preferente a las sentencias que aún no has estrenado, la autoconfianza, esos zapatos con demasiado tacón. Te alejas un poco. Te observas. Te gustas! Y funciona, un paso, otro, un paso, otro, sienta bien recoger, no? sienta bien desechar cosas, ir un poco más ligera atravesando los lunes y los martes... Es el equilibrio, de pronto. Son los dos segundos de tetris antes de Comprar sofas online aparezca esa ele de la nada bajando al revès a toda velocidad. Y entonces un momento, cruz y raya... El desequilibrio no es eso. 

No es que la tarta no suba porque hay demasiada harina, o poco bicarbonato. No son las proporciones, chavela, no es demasiado-simpática-poco-asertiva-menos-miedosa. Es que sin huevos no hay tarta. Un día leí, y no me acuerdo de la autora, algo parecido a "me dieron un cepillo y un sobre de sopa y me dijeron -ahí tienes, apañatelas sola- y ahí me quedé, cepillando la sopa con el cepillo". Sigo tirando basura, lo prometo, cada día hago una limpia. No es el síndrome de diógenes lo que me preocupa, ya no. Sigo aplicando una bulímica mirada a mi alrededor, y aún así consigo discernir entre la plata y el papel albal, casi siempre. Pero a veces, cuando vuelvo a enfrentarme a un dilema, cuando estoy dispuesta en plena crisis Comprar sofas online a cambiar el presupuesto para la UNED por otras siglas, las de H&M colección otoño, o no puedo dormir porque se me olvida cada minuto un poco más el ruso, o te quiero no te quiero, entonces el asistente no recoge, la consciencia se hace la vaga, y soy esa loquita que sonríe a medias mientras cepilla un sobre de sopa.
Admin · 20 vistas · Escribir un comentario
24 Mayo 2014